Por qué era tan cómodo escribir en WordStar

Durante los años setenta, ochenta y principios de los noventa, programas como Electric Pencil, WordStar o WordPerfect convirtieron el ordenador en una herramienta para escribir. Eran procesadores muy diferentes, pero compartían algo que hoy resulta menos habitual: al abrirlos, casi todo lo que había delante pertenecía al documento.

Muchos de aquellos ordenadores mostraban 80 columnas, aunque eso no significaba escribir líneas de 80 caracteres. WordStar, por ejemplo, podía situar el margen derecho alrededor de la columna 65. Sin que hubiera necesariamente una intención tipográfica detrás, las limitaciones de aquellas pantallas acababan produciendo una superficie de escritura contenida y bastante cercana a las proporciones que tradicionalmente funcionan bien para leer texto continuo.

También se trabajaba de otra manera. WordStar había nacido en una época en la que ni siquiera podía darse por sentado que todos los teclados tuvieran cursores o teclas de función, por lo que muchas operaciones se realizaban mediante combinaciones de teclas alrededor de la misma zona utilizada para escribir. Una vez aprendidas, permitían recorrer y modificar el documento sin abandonar continuamente el teclado.

Algunos escritores continuaron valorando esa forma de trabajar mucho después de que aparecieran alternativas más modernas. George R. R. Martin, por ejemplo, siguió escribiendo durante décadas con WordStar 4.0 en un ordenador con DOS y sin conexión a Internet, mientras utilizaba otra máquina para el correo, la web y el resto de sus actividades. No necesitaba que su procesador hiciera más cosas, sino que le permitiera escribir.

Aquellos ordenadores no eran mejores. Tenían enormes limitaciones y los procesadores actuales han resuelto muchos de sus problemas, pero algunas de esas limitaciones acabaron creando accidentalmente un lugar especialmente sencillo para trabajar: una anchura contenida, pocas cosas compitiendo con el texto y un teclado desde el que podía controlarse prácticamente todo.

WordPlanet™ no intenta recuperar WordStar ni convertir un ordenador moderno en una máquina de los años ochenta. Recupera algunas de las cualidades que hacían cómodo escribir en aquellos entornos: una superficie de escritura contenida, el teclado como centro y una interfaz que deja al texto ocupar su lugar.

Las 80 columnas forman parte de ese espacio, no porque ochenta sea el número perfecto para escribir, sino porque establecen unos límites que ya no dependen de las posibilidades de la máquina. No importa cuánto mida la pantalla ni todo lo que el ordenador sea capaz de hacer fuera de ellas. Al entrar en WordPlanet™, el lugar donde escribes vuelve a tener una medida, un propósito y unos límites.

Quizá por eso algunos escritores nunca quisieron abandonar WordStar. No necesitaban que su procesador de textos hiciera más cosas. Necesitaban un lugar en el que escribir resultara natural y en el que la herramienta pudiera desaparecer mientras ellos seguían trabajando.

Eso es WordPlanet™. Un lugar en tu ordenador donde todo vuelve a estar dispuesto para escribir.