Menos opciones, más escritura

Cuando comenzamos a escribir, parece razonable querer disponer de todas las herramientas posibles. Poder elegir la tipografía, cambiar el aspecto de la página, organizar el manuscrito de distintas maneras, consultar información, añadir notas, modificar la estructura o decidir cómo acabará presentándose el documento puede parecer una ventaja. Cada nueva posibilidad promete darnos un poco más de control sobre lo que estamos haciendo.

El problema es que escribir ya contiene suficientes decisiones.

Cada frase obliga a elegir unas palabras y descartar otras. Cada párrafo puede continuar en varias direcciones y cada personaje podría actuar de una manera diferente. Una historia que todavía no está terminada contiene miles de posibilidades y escribir consiste, en buena medida, en ir renunciando a ellas hasta que solo queda la historia que finalmente hemos decidido contar.

Añadir más decisiones alrededor de ese proceso no siempre ayuda. Podemos cambiar la tipografía porque la página no termina de parecernos adecuada, reorganizar unas notas que ya estaban suficientemente ordenadas o dedicar un rato a encontrar una forma mejor de trabajar. Ninguna de esas cosas parece una distracción porque todas están relacionadas con el manuscrito, pero también permiten pasar mucho tiempo trabajando alrededor de una historia sin escribirla.

Las restricciones pueden producir el efecto contrario. Cuando algunas decisiones ya están tomadas, dejan de reclamar nuestra atención. Si no hay veinte tipografías entre las que elegir, no necesitamos escoger una. Si el espacio de escritura ya tiene una medida, no necesitamos diseñarlo. Si la herramienta no ofrece una función para cada posibilidad que se nos ocurre, podemos dejar de preguntarnos cómo utilizarla y continuar con el texto.

Eso no significa que escribir deba ser incómodo ni que una herramienta tenga que hacer pocas cosas por el simple hecho de hacer pocas cosas. Las funciones que ayudan a trabajar con un manuscrito son útiles precisamente porque permiten que el escritor siga avanzando. La diferencia está entre una posibilidad que ayuda a escribir y otra que nos obliga a decidir algo que todavía no necesitamos decidir.

WordPlanet™ parte de esa diferencia. Tiene capítulos, notas, proyectos, copias de seguridad y las herramientas necesarias para acompañar un manuscrito desde las primeras palabras hasta el momento de sacarlo del programa, pero intenta que ninguna de ellas compita con la escritura cuando no hace falta. No puedes elegir entre cientos de tipografías ni llenar la pantalla de paneles, y tampoco necesitas diseñar el lugar en el que vas a trabajar antes de empezar a hacerlo.

Al eliminar esas posibilidades no queda una herramienta incompleta. Queda un espacio en el que muchas decisiones ya han sido tomadas para que puedas dedicar las tuyas a la historia.

Porque una novela no se termina encontrando la configuración perfecta, el sistema perfecto o la herramienta capaz de hacer cualquier cosa. Se termina tomando una decisión detrás de otra hasta llegar a la última palabra.

WordPlanet™ elimina todo lo que puede decidir por ti para dejarte delante de las decisiones que nadie más puede tomar: qué escribir, qué historia contar y cuándo poner el punto final.