El refugio de escritura de Mark Twain
En el verano de 1874, Mark Twain llegó a Quarry Farm y encontró algo que no estaba allí el año anterior. Su cuñada Susan Crane y su marido Theodore habían mandado construir para él un pequeño estudio octogonal en lo alto de una colina, separado de la casa y con vistas sobre el valle del río Chemung.
No era grande. En su interior apenas había espacio para una mesa, un sofá y unas pocas sillas, pero tenía algo que la casa no podía ofrecerle de la misma manera: un lugar destinado a escribir.
Twain y su familia pasaban buena parte de los veranos en Quarry Farm, cerca de Elmira, en el estado de Nueva York. La casa pertenecía a Susan y Theodore Crane y estaba rodeada por una granja en funcionamiento, familiares, niños y la actividad normal de una casa habitada. El nuevo estudio se encontraba a unos cien metros de allí. Lo bastante cerca para seguir formando parte de aquella vida y lo bastante lejos para quedar fuera de ella durante unas horas.
Durante años, Twain recorrió esa distancia para trabajar. Solía llegar al estudio por la mañana y podía permanecer allí hasta bien entrada la tarde. Después regresaba a la casa y algunas noches leía a la familia lo que había escrito durante el día.
De aquella pequeña construcción salieron algunas de las obras que acabarían definiendo su carrera. Allí escribió buena parte de Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn, además de trabajar en Vida en el Misisipi, El príncipe y el mendigo, Un yanqui en la corte del rey Arturo y muchos otros textos.
Resulta difícil separar esas obras del lugar en el que fueron escritas. No porque el estudio tuviera nada extraordinario que pudiera convertir a alguien en escritor, sino precisamente porque hacía algo mucho más sencillo. Cuando Twain recorría el camino desde la casa y entraba allí, había llegado a un lugar en el que escribir era la actividad principal.
Más de un siglo después, construir un estudio octogonal en lo alto de una colina continúa siendo una solución bastante poco práctica para la mayoría de nosotros. Pero la necesidad que resolvía no ha desaparecido. Seguimos necesitando algún lugar donde la escritura pueda separarse durante unas horas de todo lo que sucede a su alrededor.
La diferencia es que hoy una parte importante de aquello de lo que queremos separarnos viaja con nosotros. Podemos cerrar una puerta y continuar teniendo delante el correo, el navegador, los mensajes, el trabajo y prácticamente cualquier otra cosa que el ordenador pueda hacer. Ya no siempre basta con cambiar de habitación.
WordPlanet™ parte de la idea de que ese lugar también puede construirse dentro del ordenador. No pretende sustituir una cabaña entre los árboles ni las vistas sobre un valle. Hace algo mucho más pequeño: establece una frontera dentro de la misma máquina y deja al otro lado, durante un rato, todo aquello que no necesitas para escribir.
Mark Twain recorría cien metros para llegar a su estudio. Hoy esa distancia puede ser mucho más corta. A veces basta con entrar en WordPlanet™ para que todo lo demás quede al otro lado de la puerta.