Por qué WordPlanet™
Stephen King escribió: «Si quieres ser escritor, debes hacer dos cosas por encima de todas las demás: leer mucho y escribir mucho.» Y añadió que no conocía ninguna forma de evitar esas dos cosas. No hay atajos.
Neil Gaiman ofrece un consejo todavía más sencillo: «Escribe. Termina lo que escribes.» Y cuando le preguntaron cómo conseguir terminar una historia, su respuesta volvió a reducirlo a lo esencial: «Te sientas ante el teclado y pones una palabra detrás de otra hasta que está terminada.»
Parece obvio. Pero quizá precisamente por eso hemos terminado complicándolo.
Hoy existen herramientas extraordinariamente potentes para escribir. Podemos crear fichas de personajes, organizar escenas, diseñar estructuras, guardar investigaciones, preparar sinopsis, clasificar capítulos, personalizar el entorno y tener todos nuestros proyectos permanentemente a mano. Podemos hacer casi cualquier cosa, excepto una que sigue dependiendo únicamente de nosotros: escribir.
Y para escribir una historia, antes que todas esas cosas, necesitamos palabras. Una detrás de otra.
Durante siglos no hubo paneles de personajes, gestores de escenas ni sistemas para organizar una novela. Algunas de las mayores obras de la literatura fueron escritas con una pluma. Otras, con una máquina de escribir. Aquellas herramientas tenían enormes limitaciones, pero tenían también una virtud difícil de encontrar hoy: no ofrecían ningún otro lugar al que ir.
WordPlanet nace de intentar recuperar precisamente eso. No las limitaciones del pasado, sino la concentración a la que aquellas limitaciones te inducían.
Muchos procesadores de texto actuales se presentan como entornos sin distracciones. Y realmente pueden parecerlo. Los paneles desaparecen, los menús se ocultan y la pantalla queda limpia. Hasta que movemos el ratón, hacemos clic, deslizamos un dedo o pulsamos una combinación de teclas.
Entonces vuelve la biblioteca. Aparecen los demás proyectos. Recordamos aquella otra historia. Revisamos una nota. Cambiamos algo de la interfaz. Abrimos otra aplicación para consultar una cosa en Internet que parece imprescindible. Y media hora después quizá hemos hecho muchas cosas, pero no hemos escrito.
Ocultar una distracción no es eliminarla.
WordPlanet intenta ir un paso más allá. Cuando entras en WordPlanet, entras en tu historia. No tienes delante todas las historias que has empezado. No tienes una biblioteca esperando a un gesto de distancia. No tienes fichas de personajes que completar, escenas que colorear, paneles que ordenar ni un entorno que configurar hasta encontrar la forma perfecta de empezar. Tampoco hay otra aplicación esperando detrás de la interfaz. Solo está el texto en el que has decidido trabajar.
WordPlanet es deliberadamente monoproyecto porque quiere establecer una frontera clara: o estás escribiendo, o no estás escribiendo.
Si decides que necesitas hacer otra cosa, puedes hacerla. Por supuesto. Pero primero tendrás que salir de WordPlanet. Ese pequeño obstáculo es intencionado, porque quizá aquello que parecía tan urgente puede esperar diez minutos. Quizá no necesitas comprobar ahora ese dato. Quizá esa otra idea puede esperar. Quizá puedes terminar primero el párrafo.
WordPlanet se inspira en los procesadores de texto de MS-DOS por esa misma razón. No porque escribir en 1989 fuese mejor ni porque queramos volver al pasado, sino porque aquellas herramientas entendían, aunque fuese en parte debido a sus propias limitaciones, algo extraordinariamente valioso: cuando estabas escribiendo, estabas escribiendo.
La pantalla era el papel, el teclado era la herramienta y prácticamente nada se interponía entre tú y tus palabras.
WordPlanet recupera esa idea, no sus limitaciones. Está construido para los ordenadores actuales, pero renuncia deliberadamente a muchas de las posibilidades que esos ordenadores ofrecen.
Funciona en local. Tus palabras permanecen en tu ordenador. No necesita una nube acompañándote mientras escribes. No hay una inteligencia artificial proponiendo la siguiente frase. WordPlanet no quiere escribir contigo ni por ti. No intenta ayudarte a diseñar la historia antes de escribirla. No quiere convertirse en otro proyecto que tengas que organizar. Quiere desaparecer.
Puedes preparar durante semanas la estructura perfecta de una novela, crear la ficha más completa de cada personaje y encontrar la tipografía perfecta, el color perfecto y el entorno perfecto. Pero, al final, una historia solo existe cuando alguien escribe sus palabras. Una detrás de otra. Hasta terminarla.
Por eso existe WordPlanet. No para ayudarte a hacer más cosas, sino para ayudarte a hacer una sola: Escribir.

Jose
WordPlanet™